Hablemos de propiocepción…

                Hoy planteamos un par de
reflexiones que pensamos que se deben tener en cuenta a la hora de trabajar ese
apartado de nuestros entrenamientos conocido como propiocepción, para muchos este trabajo es ampliamente conocido, pero queremos plantear un par de aspectos a tener en cuenta en su trabajo.

                Desde hace ya un tiempo, y cada
día que pasa, es más visible que veamos en los centros deportivos a clientes
haciendo extraños ejercicios que parecen más sacados de la preparación para
acceder a un espectáculo en el circo que de un entrenamiento en sí. Y es que
está muy bien trabajar la propiocepción, pero vamos a intentar establecer un
base para trabajarla.
                En primer lugar, si atendemos a
la literatura científica encontramos cierta ambigüedad en relación al término
propiocepción y su relación con el término cinestesia.

          Si evitamos entrar en discusiones
conceptuales y buscamos una visión más amplia, encontraremos el sistema
sensoriomotor, el cual se entiende como dos sistemas independientes, el sistema
motor y el sistema sensitivo, pero que a nivel funcional están
interrelacionados (1). Es decir, mis
movimientos estarán condicionados por lo que percibo a través de mis receptores
sensoriales, pero a medida que desarrollo el movimiento, modificará la
información percibida por este. Esto es lo que según el modelo de Janda,
podemos estructurar como un modelo en bucle, y que podemos ver representado en
la siguiente figura, extraída del libro “Assessment and Treatment of Muscle Imbalance
The Janda Approach“.
                Dentro
de este sistema nos centraremos inicialmente en la parte sensorial, donde
posicionamos a la propiocepción, definida por diferentes autores como:
                “Adquisición
de los estímulos por los receptores periféricos, así como la conversión de
estos estímulos mecánicos a una señal neural que se transmiten a lo largo de
las vías aferentes al sistema nervioso central para su procesamiento» Lephart
y Fu (2000)
                En otras palabras, la
propiocepción es la entrada de estímulos recogidos por el sistema nervioso
central percibidos a través de las terminaciones nerviosas especializadas,
llamadas mecanorreceptores, situados en las articulaciones, cápsulas,
ligamentos, músculos, tendones y piel (2).
                Si tenemos en cuenta la acción
de nuestros mecanorreceptores, veremos que aun cuando la visión está ausente,
tenemos un sentido exacto de la posición de las extremidades. Esto implica que,
sin señales visuales, un ser humano todavía conoce la posición de diferentes
partes del cuerpo en cualquier momento durante un movimiento y tiene un mapa
exacto de su ubicación en el espacio. El cuerpo se basa en el sistema
propioceptivo para ubicarse de forma 
precisa (2).
                Esta capacidad nos hace plantearnos
la primera cuestión. Si deseamos trabajar la propiocepción, ¿sería correcto
hacerlo con visión? En relación a esto creemos que es mucho más productivo  trabajar con ausencia de visión si nuestro
objetivo es la mejora propioceptiva, e igualmente teniendo presente que
nuestros distintos mecanorreceptores reaccionan ante cambios de presión, longitud
muscular, tensión, etc, creemos que es altamente interesante retar a nuestros
entrenados con movimientos donde se produzcan cambios en la posición de los
segmentos corporales. Otro factor interesante a tratar también sería el trabajo
con fatiga. En ambos casos, lo ideal sería partir de situaciones donde la
incertidumbre sea menor hacia otras de mayor complejidad.
                 Nuestra segunda reflexión se centra de nuevo
en los escritos de Janda. Este nos indica que existen tres áreas claves de cara
a la propiocepción para el mantenimiento de la postura. Una de ellas es la
planta del pie, seguida de articulación de la Sacroiliaca y la columna cervical
(1).
                La relevancia de la planta del
pie, la podemos observar en la representación del hombre homúnculo sensorial,
entendiéndose por ello la representación de la superficie que ocupa en la
corteza cerebral cada una de las partes del cuerpo en relación a su capacidad
de percibir estímulos.
SI vemos el
diagrama, observaremos que el hombre homúnculo no posee pies tan grandes como
las manos, pero que estos si ocupan mayor superficie en relación al resto del
cuerpo. Por ello debemos prestar gran atención a esta zona corporal. A
continuación podemos observar el diagrama Kell, CA et al, 2005, que modifica la
versión clásica del Homúnculo de Penfield y Rasmussen (3)
Figura 1: Diagrama  que modifica la versión de Penfield y
Rasmussen del homúnculo clásico

                Si atendemos a la relevancia que
Janda da a la planta del pie junto con el diagrama del homúnculo sensitivo, se
nos plantea una segunda cuestión. ¿Si deseamos entrenar la propiocepción, debemos
hacerla con calzado?
                En este caso, pueden existir
varias respuestas, pero vamos a justificar la nuestra.  Si nuestros receptores se sitúan en la piel,
músculos y articulaciones, el uso del calzado debería reducir la capacidad
sensitiva de dichos receptores, lo que nos haría decantarnos por responder de
forma afirmativa a la cuestión. Esta afirmación incrementa su valor, si tal y
como indica Janda, nuestro objetivo es una mejora del control postural, el cual
es uno de los caballos de batalla a los que nos enfrentamos en gran número de
ocasiones con nuestros clientes.
                Por lo que si tenemos presente
la alta concentración de receptores en la superficie de la planta del pie. La
adaptación inicial para el desarrollo del componente sensitivo, sería el
realizar las actividades descalzo (4).
                Nos gustaría cerrar este
documento, relacionando estas reflexiones con un tema que nos gusta bastante,
como es el dolor de espalda. La importancia de los pies en el funcionamiento
biomecánico normal de la columna vertebral a menudo se pasa por alto (5). y Entendemos
el dolor de espalda como un proceso multifactorial. Los resultados de la
revisión realizada por O’Leary et al,  indican que un cambio en la marcha y en la
longitud de la pierna debido a desviaciones podológicas podría potencialmente
conducir a un dolor de espalda bajo, debido a un cambio en la alineación de la
pelvis (5).
                A modo de resumen, si vas a
trabajar la propiocepción, introduce ejercicios sin visión, y despierta la
capacidad sensorial de tu pie haciendo ejercicios descalzo.
Referencias
Bibliográficas

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.